Por qué perdimos la guerra, Diego Abad de Santillán

“No estamos seguros de haber obrado bien al desoír durante semanas las exhortaciones de Calvo Sotelo para una reunión con nosotros, no sabemos, aunque presumimos, con qué propósitos; y todavía seguimos pensando que hicimos mal en mayo de 1937 en haber paralizado el fuego en Barcelona en lugar de dejar que la intervención de nuestros amigos del frente de Aragón hubiese puesto fin a una guerra que teníamos perdida, porque así le convenía a Stalin (…)” (p.18).

Lo peor es que Santillán no alude en el libro a Calvo Sotelo sino al mismo José Antonio, con la notita de 1939 de que:

“¡Cuánto hubiera cambiado el destino de España si un acuerdo entre nosotros hubiera sido tácticamente posible, según los deseos de Primo de Rivera! “(p.35).

De hecho, ya en Santillán asoma el enfoque histórico del destino social de España en antagonismo a las manipulaciones soviéticas durante 1936-1939. Las disquisiones sobre los eventos político-militares ocupan la mayoría de las páginas, desplazando con creces las pocas dedicadas a las realizaciones autogestionarias de la CNT y de los trabajadores de España.

En cuanto a mayo de 37, Santillán escribe que expuso su oposición a la táctica de la CNT a los notables cenetistas (vocabulario de Peirats) después del fin de los combates, si bien él era uno de ellos.

“Pero la entrega total de la burocracia de la CNT al gobierno Negrín y a las consignas comunistas hizo que la rebelión que habría debido estallar cuando era hora de obtener algún resultado, se produjese en el Centro y en Levante cuando la guerra estaba totalmente liquidada” (p.177).

Así queda claro lo que adujo en su prólogo de 1975: un pacto, una alianza del movimiento libertario con Franco era preferible a seguir siendo manipulados por los comunistas. Puesto que la hipótesis aparece a las claras, es obligado discutirla. Creerse en aquella época que el plan castrense sistemático de masacre de la flor y nata de la izquierda iba a perdonar a los anarcosindicalistas era una ingenuidad aberrante; o suponía autocastrarse para amoldarse al franquismo. Fue lo que hicieron en 1939-41 renegados como Fornells, Melís, sin que cambiase nada a nivel social, excepto que se convirtieron en perfectos ayudantes del verticalismo.

Frank Mintz

Αναρτήθηκε στις: 09/08/2014