La sociedad del consumismo

La provocación de dependencia y de adicción constituye la mejor manera para que se lleve alguien hacia la fe del falso, hacia la sumisión ciega y las ilusiones. La ilusión del consumismo no es sólo una fe falsa, sino también una fe falsa basada en el deseo. La idea es relativamente sencilla. Si la gente está adicta a los productos de las fábricas, es menos probable que exprese su descontento por las condiciones de trabajo en estas fábricas o que se pregunte por la vida de la gente que trabaja allí y mucho más, que ponga en duda la naturaleza misma del trabajo. Según Stuart Ewen (1), el consumismo, ¨la participación masiva en los valores del mercado, que se dirige a la masa, no era un desarrollo histórico natural, sino un proceso agresivo de superviviencia social.¨ La falsa prosperidad conseguida a través del consumo, el rodeo de la vida social por el espectáculo, han conseguido la distracción de la atención del descontento que provoca el trabajo. ¨Los que no pueden cambiar su vida o su profesión se pueden consolar incluso con un vestido nuevo¨, dijo Helen Woodward.

Así, las sociedades humanas cayeron del ser (la personalidad, la cultura intelectual, etc) en el tener y en fin se resbalaron al aparecer (la característica básica del mundo del espectáculo). La identidad humana, entonces, ya no la determina el ser de cada uno o lo que cada uno hace, pero ni siquiera lo que tiene. La determina lo que presenta y el cómo esto está. La felicidad (un término que hoy en día se usa hasta la saciedad por los conservadores, como David Cameron) se ha convertido en un indicador cuantitativo, que depende de los bienes que alguien pueda comprar y del estatus social que les puedan aportar los demás por los bienes que poseen. En una sociedad de anonimato y de alienación, la apariencia es importante y el estatus social se consigue a través de la profesión y se presenta a los demás a través del consumo, un proceso que se podría llamar comercialización de uno mismo. Así uno se convierte en producto y su descripción cabe en una hoja, lo que llamamos CV, hace publicidad de si mismo a través de las redes sociales y se sella, como si fuera carne, después de su nacimiento a lo largo de un ritual religioso.

Incluso la política se convierte en markrting y los candidatos políticos se promocionan como si fueran productos de consumo masivo. ¨No es tarea de los consumidores saber lo qué quieren¨, decia el fundador de Apple, Steve Jobs. Esta frase en el mundo político podría significar que no es la tarea de los ciudadanos ocuparse de la política, saber lo que quieren, como dijo el filósofo inglés Thomas Hobbes hace 400 años aproximadamente, es decir, el hombre es incapaz de autogobernarse porque su estado natural (state of nature) lo caracteriza la codicia del dominio. Así, como solución única para evitar la guerra civil, Hobbes propone un contrato social, un tipo de ¨acuerdo¨ entre la gente (los dominados) y un gobierno central (Sovereign) que controla el poder ejecutivo y legislativo y a través de métodos de presión disuade a cada uno de meterse en la acción política, encerrándole así en la esfera personal. Al contrario, Hannah Arendt, que ha basado casi todo su trabajo intelectual en la filosofía de Aristóteles, (el hombre es un ser político), cree que la esfera pública (es decir, la política) es la única en la que la gente puede encontrar su libertad (3).

La definición del ciudadano de Aristóteles es la siguiente: ¨¿Quién es ciudadano? Ciudadano es aquel que es capaz de gobernar y gobernarse¨. Grecia tiene diez millones de ciudadanos. ¿Por qué todos ellos no son capaces de gobernar? Porque el objetivo de toda la vida política es exactamente la ignorancia de los ciudadanos en el tema del gobernar y al final, la confianza de la tarea del gobierno en los ¨especialistas¨. Es decir, hay una formación antipolítica, equivalente a la formación del individulismo puro, que lleva al consumismo. En lugar de asumir cada tipo de responsabilidad política, al final la gente se hace adicta a seguir y a votar las opciones políticas que otros presentan listas e igual no pueden decidir qué bienes quieren producir, cómo producirlos, cómo distribuirlos y permiten que los demás decidan por ellos.

El fin del consumo

En un mundo que se basa profundamnte en el espectaculo, no es la sociedad que instituye los aspectos del espectaculo, pero tampoco un grupo cerrado y especulativo, como dirían los defensores de las teorías de conspiración. Es la lógica de la ganancia continua que lleva a las instituciones, a los valores y la sociedad misma hacia esa dirección que ofrecerá una producción más grande en conbinación con un consumo más grande. Exactamente como la burbuja del consumo, a través de las funciones del sistema económico-crédito (préstamos, tarjetas de crédito, etc) ha llevado a la ¨crisis¨ económica de hoy en día. Una vez que el consumidor se hartó de la cantidad de los deseos de consumo, una vez que el catálogo de los productos que le volvería ¨feliz¨ se infló, de repente se enteró del imposible de la satisfacción de estas necesidades artificiales a través del sistema bancario. Así, el desarrollo de los deshechos plásticos, un desarrollo, que le importa sólo él mismo, baja el telón, al menos en la parte más grande del mundo.

El desarrollo económico liberó las sociedades de la presión natural, que exigía la lucha inmediata por la superviviencia, pero así las sometió a su libertador. La economía transformó el mundo, pero le transformó en un mundo de economía. La abundancia de los productos, es decir, de la relación comercial, no puede ser nada más que la superviviencia incrementada que no ha dejado de contener a la frustración. La contradicción siguiente constituye un ejemplo característico: aunque la automatización y la evolución tecnológica podrían eliminar el trabajo, o al menos reducirlo, hasta un punto, en realidad han creado un nuevo sector laboral, el tercero (los servicios), convirtiendo al mismo tiempo el minimo ¨tiempo libre¨ aumentado en una motivación para trabajar (puesto que el gozo del tiempo libre presupone otra vez la adquisición de bienes de consumo…).

¨El imaginario de nuestra época es el imaginario de la extensión ilimitada y de la acumulación de cosas inútiles… ¿Es decir? Es decir, un televisor en cada cuarto, una computadora en cada cuarto y así sucesivamente. El sistema se basa en este imaginario. Y es exactamente esto que tenemos que destruir¨, dice Cornelius Castoriadis (2). Cuando la sociedad se entere de su dependencia de la economía, nos vamos a dar cuenta que lo que es válido, es el contrario. Hoy en día la sociedad y la economía son adversarias luchando por el dominio. Las sociedades de todo el mundo tienen que eligir entre un dilema verdadero, el aspecto falso de la vida a través del consumismo o la vida verdadera. La crisis, de la que todos hablan, no tiene solución econónica, sino social y ésta tenemos que buscar, como una sociedad del mundo, como un pueblo que tiene que cumplir con su deber y formar una verdadera sociedad política.

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(1) Stuart Ewen, Captains of Consciousness: Advertising and the Social Roots of the Consumer Culture
(2)Καστοριάδης Κορνήλιος, Ειμαστε υπεύθυνοι για την ιστορία μας / Cornelius Castoriadis, Somos responsables de nuestra historia
(3)Arendt, Hannah. On Revolution. Penguin Books, Second Edition, 1973

Άλλες πηγές
Debord Guy:La sociedad del espectáculo
Selling the Work Ethic: From Puritan Pulpit to Corporate
Hobbes, Thomas. Leviathan. Oxford University Press, Second Edition, 1909

Autor: Efor, Editor: Michael Th, Traducción: Cristina

El texto in Griego, FrancésInglés.


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Αναρτήθηκε στις: 19/12/2011