La crisis gubernamental y los verdaderos fines de la cuestión

Traducción: Verba Volant

Estamos (tal vez) cerca de la caída de un gobierno oligárquico más, y viendo a la Oposición siendo impaciente a tomar el Poder, el futuro parece todo menos color de rosa para la comunidad griega. La noticia sobre el referéndum anunciada por el primer ministro estalló como una bomba. El mismo gobierno dice que ya es hora de ser solicitada la opinión de la mayoría sobre la ratificación o no del nuevo contrato de préstamo que se había acordado antes del retiro de los fondos del sexto plazo del Memorándum.

¿Por qué, sin embargo, se decidió mantener esta actitud? Sería totalmente ingenuo pensar que de repente se interesó ​​en “nuestros derechos democráticos” después de dos años en los que veló con diligencia por violarlas. Se trata de este mismo gobierno que, con su actitud intransigente, convirtió la Plaza de la Constitución (Síntagma) en una cámara de gas abierta, de tantos gases lacrimógenos y sustancias químicas (que echó la Policía), que mandó al hospital a decenas de manifestantes sangrientos, que ejecuta fielmente los mandamientos de la extrema Derecha, construyendo muros en el río Evros[1] para evitar la entrada de inmigrantes, que recurrió al mecanismo destructivo del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo, por supuesto sin tomarse la molestia de solicitar la opinión de la mayoría. Se trata del mismo gobierno que en vez del “desarrollo verde” (como se había prometido antes de las elecciones), ha contribuido a la degradación de todos los espacios verdes (un ejemplo indicativo es el de Keratea, donde pactó con los contratistas la construcción de un vertedero de basura ilegal, mientras que al mismo tiempo no dudó en enviar la Policía antidisturbios para reprimir, por cualquier medio, las reacciones de los ciudadanos). Se trata del mismo gobierno, que antes de las elecciones afirmaba que reduciría la arbitrariedad de la Policía, y después de ellas compró bombas de agua y ahora procede a más contrataciones en los cuerpos de represión. No es, sin embargo, el gobierno griego el único caso del autoritarismo y de represión. Tal vez sea el más “llamativo”, ¡sin embargo, se pueden encontrar ejemplos de oligarquía en todo el “territorio” europeo!

Este gobierno pues, parece estar a punto de colapsar en cualquier momento. Nadie sabe todavía qué es lo que va a pasar. Los hechos van constantemente cambiando. Sin embargo, a medida que pasan las horas, la frustración plantea numerosas cuestiones. Una de las cuestiones claves es la siguiente: ¿Existe una salida de esta situación? Para poder dar una respuesta clave, hay que examinar los datos, no sólo sobre la base de lo que está sucediendo en Grecia, sino también en Europa (y si es posible a nivel internacional). Sobre todo, tenemos que examinar el mecanismo de la UE.

La situación actual (a nivel nacional y europeo)

En el último año y medio, desde que el país se ha sometido a la supervisión triple del FMI – BCE – UE, se notó un empobrecimiento de la población a través de unos recortes, sin precedentes, de los salarios y las pensiones, una reducción drástica de los gastos sociales (así como de las inversiones públicas, en las que están tan interesados todos los aficionados a las aproximaciones economistas ), el disparo del desempleo, la pérdida de todos los derechos laborales que habían sido conquistados durante décadas de luchas, y el colapso de todos los indicadores económicos, siendo el dato más importante la profunda “recesión” que ha alcanzado unos niveles sin precedentes en la Europa de posguerra.

Sin embargo, la crisis griega tiene también un impacto internacional, debido a la internacionalización de los mercados. “El euro está en peligro a causa de los griegos irresponsables, quienes en lugar de trabajar y producir, se van a manifestaciones y no pagan sus impuestos”, es un cliché que a menudo escuchamos de boca de varios líderes de los demás países de la UE y de economistas, quienes tratan de colar el mensaje bien conocido “¡pueblo culpable, Poder inocente!” Contestando a la pregunta de si nosotros, como ciudadanos de este país, tenemos responsabilidad de esta situación, indudablemente diríamos que sí. Cualquier tentativa de rehusar esta responsabilidad parecería una política del avestruz. Pero a diferencia de los neoliberales, quienes tienen como única arma la ética de la culpabilidad y en base a esta intentan hacernos alejarnos de la acción política (es decir que según su lógica, “ya que somos culpables, no deberíamos quejarnos, no deberíamos manifestar”), nosotros proponemos lo contrario, diciendo que el gran error que hemos cometido es la apatía (pasividad), “el único terrorista “(como bien dice un lema pintado en una pared en el barrio de Exárjia, también ver la primera foto). Se trata de la apatía que dio lugar a nuestra tolerancia a los gobiernos corruptos que han gobernado en este país, unos gobiernos a los que deberíamos haber desenmascarado y derrocado desde hace muchos años. Desde luego, la misma o semejante apatía (pasividad)  han mostrado los ciudadanos de todos los países de Europa.

La particularidad, pues, de Grecia, en nuestra opinión, no estriba en la “enorme evasión fiscal”. El hecho de que la palabra “griego” sea una palabrota en la mayoría de los países europeos, no tiene que ver con la falta de productividad [1]. La clave del asunto se remonta al diciembre de 2008, así como a la cultura anti-capitalista que está arraigada en la sociedad griega. Así que, lo que hace temblar a los oligarcas, detrás de todo, es el papel de los movimientos anticapitalistas que se han desarrollado en Grecia en los últimos años.

Por esta razón, señalamos que es hora de poner fin a la apatía, si realmente deseamos el cambio inmediato de la sociedad. Las instituciones existentes de la oligarquía centralista no tienen cabida en una sociedad independiente. Están ya obsoletas. Desde el primer día de su establecimiento se sabía que la Unión Europea es reaccionaria. Creímos, sin embargo, en que nuestra participación en una institución oligárquica era el único camino, que esta era la única manera de conseguir un bienestar, aunque fuera ficticio. Desde luego, puede ser que fuera así. Ahora, lo que es importante es comprender si realmente queremos llamarnos ciudadanos responsables. Entonces sólo tenemos que entender la importancia de nuestra participación en la sociedad, ¡la importancia de decidir sobre nuestro futuro en común, y no determinarlo un puñado de oligarcas!

El mecanismo de la Unión Europea está basado en una autoridad central que muy poco tiene en cuenta las opiniones de la gente de un país en particular. Los órganos de toma de decisiones de la UE (Consejo, Comisión Europea) ni siquiera gozan de una legalización electoral por algún cuerpo electoral, como tales (el Consejo Europeo se compone de los Jefes de Estado o de Gobierno de los Estados miembros – y del Presidente de la Comisión – mientras que los comisarios son nombrados por los gobiernos), en cambio los burócratas que los rodean (también conocidos como eurócratas, y están orgullosos de esta autodeterminación) no son directamente elegidos. El Parlamento Europeo tiene un carácter meramente consultivo, asesor. La degradación de la soberanía popular es un hecho, no sólo en Grecia sino en casi todos los países de los 25 miembros. Un ejemplo de violación de la voz del pueblo es Irlanda, que después del rechazo del Tratado de Lisboa, sus ciudadanos tuvieron que acudir a las urnas para dar la respuesta final del “sí”, una respuesta que, naturalmente, convenía a Bruselas, como en el año 2001, cuando fueron llamados a votar a favor o en contra del Tratado de Niza (Tratado de la ampliación de la Unión Europea). Los plebiscitos son realizados en Irlanda debido a la disposición constitucional relativa que requiere la opinión del electorado en su totalidad para tales cuestiones.

Otro ejemplo ilustrativo del carácter antidemocrático de la UE es la creación de EUROGENDFOR ( Fuerza Europea de Represión de Manifestaciones), la cual tiene la tarea de actuar (intervenir) en el  territorio de cualquier Estado miembro y que una parte de la cual, según unos guiones, se encuentra actualmente en territorio griego, lista para “actuar” si surge el riesgo de una rebelión generalizada.

Perspectivas que surgen y repercusiones

Varios economistas proponen la salida del país de la moneda del euro y el regreso al dracma[2], diciendo que “las políticas del memorándum van a degradar definitivamente el nivel de vida del país”, que “la quiebra es inevitable, y por consiguiente sería mejor que sucediera ahora que cuando la situación se deteriore aún más”. Por otro lado, el bando de la Oposición apoya la permanencia de Grecia en la zona euro, haciendo hincapié en “las desastrosas consecuencias que podrían tener para nuestra economía nuestras opciones euroescépticas”. Todos estos guiones, sin embargo, están basados únicamente en unos análisis de carácter “científico”, los cuales el ciudadano medio poco entiende. Hablan con fórmulas matemáticas y con términos financieros incomprensibles, que por supuesto, ¡casi nadie puede entender o usar, ya sea en la vida cotidiana, en los negocios o en la sociedad!

Los guiones euroescépticos, a pesar del hecho que expresan una verdad, encierran un gran riesgo: el cultivo de un terreno adecuado para el aislamiento cultural y el surgimiento del nacionalismo. Los ultraderechistas están haciendo una propaganda vulgar a favor del retorno a las viejas estructuras del Estado-nación, a menudo proponiendo los valores de un conservadurismo nacional. Este punto de vista, sin embargo, está cultivado por muchas tendencias izquierdistas que hacen referencia a la soberanía popular, y al mismo tiempo hablan de independencia nacional. Es claro que la soberanía popular no se puede realizar si un país no se hace independiente de la autoridad central de Bruselas, ¡sin embargo, esto no señala necesariamente su democratización! Por el contrario, podría subir al Poder un régimen dictatorial, cosa que la Unión Europea no acepta. Un ejemplo típico de euroescepticismo ultraderechista es el británico Nigel Farrange, líder del grupo United Kingdom Independence (UKIP),  hablando continuamente de la salida de Gran Bretaña de la UE, única y exclusivamente para que su país no reciba la presión del Tribunal de Derechos Humanos, al tratar sus autoridades de limitar la inmigración. ¿Qué pasaría si el UKIP ganara las elecciones en Gran Bretaña? Obviamente veríamos la encarnación de un nuevo Estado, como él de Metternich, inaccesible para los inmigrantes. Simultáneamente, el euroescepticismo izquierdista está cultivando unas tendencias de etnocentrismo similares, al referirse a la independencia nacional, ya que plantea la entidad metafísica de la nación como el concepto central para el desarrollo de una evolución política “ideal”.

Con base en lo anterior (y en lo que nos han enseñado a creer), nos llamamos a situarnos dentro de un dipolo. La crisis de cada uno y sus ideas lo conducirán al primero o al segundo bando. Pero en realidad hay más opciones que un Sí o un No. Lo que nos debería preocupar, en realidad, no es nuestra permanencia o no en la UE o en la zona euro, sino el Sí o No a la democracia. Eso significa que debemos ver las cosas desde un punto de vista puramente político, y no capitalista, porque ambas tendencias – a pesar de que la salida de la UE es expresada principalmente por el movimiento anticapitalista – siguen estando cautivos de lo imaginario: dominación “racional”  – acumulación de Capital – propiedad. En el caso de los izquierdistas euroescépticos, el concepto del Estado-nación es empleado como una propiedad (el país es al mismo tiempo un mecanismo de producción). Así que el dilema no es “Grecia independiente o Unión Europea”, sino “Democracia o capitalismo”, o, más bien, “autonomía o barbarie.” Como se mencionó anteriormente, el mecanismo de la UE está muy lejos de lo que llamamos democracia. En nuestra opinión, la verdadera democracia se caracteriza por la participación igualitaria en el Poder de todos los ciudadanos y no de la representación de la sociedad por una oligarquía. Por lo tanto, a pesar de poner en duda la UE como institución, no nos oponemos a la unión de los pueblos. Debemos ver separadamente los lazos de Poder entre los jefes de los 25 y los lazos de solidaridad que pudieran desarrollar los pueblos entre sí. Podríamos ver, entonces, la propuesta de la democracia directa como una nueva forma de perspectiva…

Retorno a las asambleas

Los partidos políticos, sin excepción alguna, no están a la altura de las circunstancias (desde luego, no podría haber ocurrido algo diferente, ya que lo que realmente esperan es recoger más y más competencias y, en todos sus movimientos, buscan no lo mejor para  la sociedad, sino la mejor transmisión comunicativa de sus mensajes). Debemos desligarnos de este razonamiento, si realmente queremos llamarnos a nosotros mismos ciudadanos. Debemos pensar si cada vez simplemente queremos estar a la espera de las elecciones para ejercer cada cuatro años nuestro derecho “democrático”, echando un voto de protesta con la lógica del “mal menor”, o si es mejor actuar ya, basándonos en el yo social,  crear nosotros mismos las instituciones de la sociedad, superando la “transición” ya quebrada.

Cuando unos movimientos sin precedentes en la historia de “Occidente” (o del capitalismo metropolitano) como Occupy Wall Street , la huelga general en Oakland, EE.UU.-después de muchos años-, el Occupy LSX en Londres, siembran la semilla de la acción anti-capitalista en todo el planeta, no tenemos el derecho moral de permanecer pasivos, yendo a donde la elite política y económica nos está guiando. Como decía Dante en la Divina Comedia más poéticamente, “los lugares más ardientes en el infierno están para aquellos que en tiempos de crisis moral optaron por mantener su neutralidad”. Lo que necesitamos urgentemente en este momento es entender las razones por las que es importante la acción política directa, proponiendo la democracia directa como una forma de organización política en el marco del “proyecto de la autonomía”, y simultáneamente como eje fundamental alrededor del cual se desarrolle la organización social, la economía, la vida en todos sus aspectos.

Como durante tanto tiempo ellos están pregonando que los “mercados” tienden a auto-regularse, por igual nosotros podemos decir que las sociedades tienden a lo mismo. Una sociedad, en su contexto puramente funcional, tiende a producir y reproducirse, ya esté ubicada en un barrio pobre de Caracas o en Manhattan. La cuestión central, por lo tanto, no es “si hay alternativa” (monopolio del pensamiento y de la práctica), sino a través de esta indeterminación de los movimientos que existen y que puedan existir, “¿qué es lo que nosotros elegimos?” ¿Queremos realmente una vida semejante a la de Manhattan donde podremos consumir sin límites? ¿Queremos vivir en un barrio pobre de chabolas y que consuman en Manhattan en nuestro perjuicio? ¿O, acaso no queremos “ni Manhattan, ni barrios de chabolas”?

Ha llegado la hora de pensar en el otro, imaginar que nuestra vida no es una cuestión de dilemas falsos y que nuestra prosperidad en ningún caso está relacionada con indicadores económicos. Esto sólo es válido para sociedades cuyo elemento principal en su código de valores son los indicadores económicos, o sea capitalistas/economicistas. Pero los valores se pueden cambiar si uno se imagina otros valores que cree que son mejores, más racionales y más humanos. Y a través de esta explosión de nuestra imaginación, podremos crear las condiciones de la creación de otra vida que sea compatible con estos otros pensamientos nuestros. Y, por supuesto, para realizar algo semejante hace falta un espacio. Un espacio que sea público. Y este espacio no es otro que las asambleas democráticas, a donde las personas acuden y se convierten en ciudadanos, teniendo la oportunidad de cultivar una red de igualdad real y efectiva, que forme y esté conformado por las relaciones sociales. Ahí, la acción recupera su significado, ya que el sujeto cuenta como un ser social: opta por decidir, no simplemente elegir quienes van a decidir por él, como lo hacen los individuos.

Dicen que el hambriento no tiene nada que temer… ¿Qué estamos esperando, pues, para organizar nuestras vidas fuera del modelo capitalista de la barbarie? Poniendo en duda cualquier cosa que se auto-determine como “racional”, se hace patente que hasta la quiebra no puede existir, sino dentro del sistema capitalista y de la lógica del neoliberalismo. Podemos crear, ya, redes de alimentación, ocupar las casas deshabitadas, montar escuelas que ofrezcan formación para la vida y no para la sumisión. Sólo basta con decidirlo y pasar a la práctica…

[1] El desprestigio mundial de Grecia se concentra en el término de la “productividad”. La baja producción ha colocado al país en la lista negra de los mercados, creando al mismo tiempo varios tipos de estereotipos racistas, “eres de Grecia, por consiguiente eres perezoso”, habiendo confundido la pereza con la disfuncionalidad de las plantas de producción griegas * (¡esto se hace por motivos obvios!). Este es realmente uno de los mayores problemas de los neoliberales. La ética del trabajo y de la culpa que sigue su lógica “racional”, machaca todo sentido de creatividad humana y de expresión. El hombre se ha convertido en un animal laboran, como dice Hannah Arendt: ya el significado verdadero del trabajo (como concepto de creación) se ha perdido, ya que se ha identificado con la producción de bienes que sólo sirven para el consumo. Incluso la construcción de una casa, según ella, constituye un elemento de labor (labor en inglés) y no de trabajo (work en inglés). Por lo tanto, el tratar de seguir la lógica del “tenemos que ser un país productivo” (porque eso es lo que quieren los tecnócratas y la chusma apática) es probablemente una idea desastrosa. Si todos los países produjeran y consumieran como Gran Bretaña o Francia (por ejemplo), el planeta no sobreviviría por muchos años…

* De una encuesta de mayo de 2011, resulta que el trabajador griego trabaja un promedio de 2.119 horas al año, en comparación con las 1390 horas del alemán, las 1554 del francés, las 1654 del español, las 1.719 del portugués, y las 1773 del italiano. Igual de infundada es la noción de que los griegos llegan a jubilarse pronto. La edad media de jubilación son los 61,5 años, es decir, muy cerca de la media europea y por encima de los 60 años de los franceses y los italianos.

El texto en griego.

Autor: Ian Delta, Michael Th, Efor, Aris Eleftheroudas

[1] Frontera con Turquía.
[2] N.d.T. La moneda del Estado griego antes del euro.


Corto URL: http://wp.me/pyR3u-98I

• EN: Your comment will be visible after approval. Please check the terms of use.

• EL: Τα σχόλια δημοσιεύονται κατόπιν έγκρισης. Για περισσότερες πληροφορίες δείτε τους Όρους χρήσης.