Anonimato, pseudonimia y veronimia en Internet

freedom-for-all

Michael Panagiotakis
Traducir: Verba Volant

Con la ley sobre el anonimato de los blogs en el tintero, y la intención declarada del Ministro de identificar preventivamente a los bloggers griegos, vuelve de nuevo el tema del llamado “anonimato” internético [1] a la primera fila de la actualidad. Si el fin de la cuestión es la identificación preventiva de los que tienen un blog en internet, se trata de una ley prácticamente inaplicable, cuyo objetivo es simplemente la intimidación política de los que critican y desaprueban al gobierno vía internet, con vistas a nueva ronda de lucha contra la política gubernamental.

Ya que el meollo de la cuestión ha salido a la actualidad, tal vez sea útil señalar algunas cosas sobre el anonimato y la privacidad en Internet, más allá de la situación actual, y en relación con el desarrollo de los acontecimientos a nivel mundial, con respecto a la protección de la libertad de expresión y los derechos en Internet, que ya están estrechamente asociados con los derechos humanos en general.

El debilitamiento del anonimato          

1. Ya los blogs no son nada más que una de las redes de conexión y e información social, y ya no la más popular. La presencia internética de los usuarios suele tener varias facetas, a través de varios servicios y países. A menudo la inscripción en un servicio, por ejemplo en Google, teniendo una cierta identidad, implica la conexión de esta identidad con todos los servicios de Google. Entre las empresas de servicios internéticos (que muchos se supone que piden el nombre real del usuario) a menudo hay sinergia y sistemas de identificación comunes. Por ejemplo, muchos nuevos servicios internéticos permiten la inscripción, con la contraseña de Facebook, Google o Twitter. También, una gran parte de los usuarios de Internet ha hecho que su identidad sea en principio detectable, y de todas formas la tiene más concentrada. Otra parte de la gente, igual de grande, utiliza en muchos casos su nombre real- como teóricamente tiene la obligación de hacer, en el popular servicio de conexión social, Facebook y en su competidor ambicioso, el Google +. Los datos que suben los usuarios en servicios como Facebook, están de muchas maneras “expuestos” y los riesgos para los datos personales de los usuarios de este servicio son conocidísimos. Las cuestiones de violación de la privacidad que plantea la política de Facebook, son objetos de debate y preocupación a nivel mundial.

2. Tampoco los relativamente pocos usuarios, que ocultan su identidad con éxito, pueden mantener fácilmente su pseudonimia, en caso de ser acusados de un delito grave o, en algunos casos de delitos menores: en colaboración con los proveedores de servicios – y los principales proveedores de servicios en general colaboran con las autoridades judiciales en casos penales – los proveedores de red pueden facilitar a las autoridades unos datos que suelen ser suficientes para la identificación de los usuarios.

3. Dado por hecho lo susodicho, puede que algunos usuarios hayan entregado voluntariamente una parte de su privacidad a las empresas de Internet y que en general estén sometidos a la revisión judicial, bajo ciertas condiciones, pero aún así, no andan pregonando su identidad por todos lados. Eligen con quién tienen contactos, por ejemplo en Facebook, y mantienen su pseudonimia o su anonimato, aunque sea parcial, con respecto al resto de la comunidad de usuarios: así, una búsqueda en Google no enseña a todos los interesados la opinión de cualquier usuario sobre cualquier tema. Esta protección de la privacidad eliminaría la identificación obligatoria, incluso en un servicio masivo: no sólo el anonimato hacia el Estado, sino el anonimato hacia los demás. Hasta en los blogs cuyos  “administradores” (según la terminología graciosa del Ministerio) son conocidos, ellos no ponen su nombre en ellos por motivos de salvaguarda de sus datos, sus relaciones y sus chismes de la mera búsqueda de cualquier potencial interesado.

La necesidad del anonimato/pseudonimia

La conservación de la “cáscara” de la pseudonimia internética (o de la anonimia de los comentarios y en general de la participación en Internet) es un requisito mínimo para salvaguardar la privacidad, a pesar de que esta “cáscara” dista mucho de ser impermeable y segura. El derecho de cada usuario a la privacidad de sus comunicaciones es de obvio entendimiento. La idea básica tras la preservación de la posibilidad de la expresión anónima (por lo general, no sólo en Internet) está dada por el conservador Tribunal Supremo de EE.UU., en una sentencia suya en 1995:

       La protección de la expresión anónima es vital para el diálogo democrático. El permitir a los disidentes ocultar su identidad, les permite formular críticas y opiniones minoritarias libremente… El anonimato es un escudo de protección de la tiranía de la mayoría… Así pues, constituye  un ejemplo del fin para el que fue creada la Carta de Derechos y especialmente la Primera Enmienda de la Constitución de EE.UU.[2]: la protección de las personas impopulares de la venganza – y de sus ideas de la supresión – por parte de una sociedad no tolerante. El derecho de guardar el anonimato puede ser objeto de abuso cuando encubre conductas fraudulentas. Pero el discurso político, por su naturaleza, a veces va a tener consecuencias que difícilmente son aceptadas y, hablando en general, nuestra sociedad da más importancia al valor de la libertad de expresión que a los peligros de su abuso.

Si este razonamiento es cierto en un país donde la protección del discurso es claramente más fuerte que en Grecia, es obvio que es mucho más importante en un país de menor tolerancia al discurso mordaz y de denuncia, en el que el silenciamiento de la crítica y de la sátira a través de demandas es un fenómeno frecuente. Es evidente que sólo la amenaza del levantamiento del anonimato con una orden judicial tendrá un resultado represivo al discurso expresado y dará lugar a su autocensura, especialmente hacia las personas que tienen un cierto Poder político o económico. De hecho, no hará falta ni siquiera que sea condenado el usuario por un delito menor, ya que el “castigo” de su identificación (con las consecuencias sociales, profesionales, financieras y familiares que esto pudiera tener) es en sí misma disuasorio. Es claro que para muchas categorías de usuarios, la amenaza de la “revelación” de su identidad es en sí misma una amenaza suficiente para silenciarlos.

La protección de la pseudonimia y del anonimato, sin embargo, no concierne sólo a la protección contra los mecanismos represivos del Estado – que no es un tema menor, como se ha mostrado en el caso de la eliminación de la privacidad en Gran Bretaña, de una crueldad de tipo Próximo Oriente, para identificar y castigar a los usuarios por algo que dijeron o por chorradas asociadas con los recientes acontecimientos en Londres y las prácticas represivas de nuestro gobierno – ni a la protección contra la explotación y el uso de datos personales por empresas privadas. Concierne también a la posibilidad de selección por cada ciudadano del público al que se dirige cualquier declaración pública suya.

La veronimia total en Internet

Hay que señalar que una veronimia obligatoria y generalizada en Internet sería una veronimia total, como nunca antes ha existido en una sociedad humana. Cada expresión, cada comentario, cada opinión, así como los movimientos de un usuario de Internet y todos los datos de contacto de él, serían parte de un “archivo” informal pero accesible por todos. La palabra “todos” comprende no sólo a las autoridades estatales, sino también a publicistas, patrones, colegas, clientes, familiares, o sea a todo el mundo…

Esto, a diferencia de las “íntimas” hasta hoy relaciones interpersonales, donde los límites entre los campos de actividad de un ciudadano son obvios: por ejemplo, no es necesario que tu patrón sepa sus preferencias sexuales, ni que el policía que te arrestó tu ideología política, ni tus compañeros de clase tu enfermedad hereditaria. A menudo, el anonimato o la pdeudonimia  es un requisito indispensable así que uno pueda actuar libremente en el marco de Internet y discutir abiertamente los problemas que le interesan. Esto no es entendible por aquellos que consideran a Internet simplemente como una especie de un medio de comunicación o un juego electrónico gigantesco: Internet es y seguirá siendo en el futuro previsible (en cualquier versión suya) una plataforma unitaria que contendrá casi toda la gama del discurso público, de la información, de la comunicación y será un lugar de reunión, en grupo y públicamente. Si ya la distinción entre las actividades internéticas y “reales” es confusa, esta distinción se hará cada vez más imposible en el futuro próximo: por ejemplo, una sola foto epónima en Internet se podrá utilizar para identificar a un hombre dentro de un multitud en una manifestación política, en la proyección de una película, en un evento celebrado en un barrio – y no sólo por las autoridades – , y ya se están preparando unas tecnologías relativas, aplicables a teléfonos móviles. El cotejo de los datos de Internet con las tecnologías de identificación de vigilancia, conduce a un mundo orwelliano de supervisión generalizada, y la clave para evitar que esto suceda es proteger y preservar cada faceta de la privacidad de los abusos por parte del Estado y de individuos.

En este contexto, cualquier retroceso a nivel institucional, cualquier limitación adicional de la posibilidad de pseudonimia, puesto que Internet ya ha surgido a nivel mundial como un nuevo campo de configuración del concepto de la privacidad, se convertirá en un problema internacional – en particular si concierne a un país miembro de la UE. Si el gobierno procede a unas cláusulas draconianas con respecto a los blogs, provocará la rabia y la oposición del mundo de Internet (aquí y en todo el mundo) y va a descubrir, junto con muchos aspirantes a censores aparecidos recientemente, que Internet tiene una manera de eludir la censura, cancelarla y devolvérsela como una humillación y desprecio a aquellos que pretenden su silenciamiento político. La eliminación preventiva del anonimato de los usuarios de Internet, aunque sea de forma selectiva, sería un precedente para un guión distópico de debilitamiento del discurso político en Internet (lo que significa lo mismo en casi todas partes  a nivel público), así como un duro golpe al derecho a la intimidad/privacidad, dentro y fuera de Internet.

[1] Aunque hay blogs anónimos, estos son poquísimos. Hay muchos blogs con pseudonimia, pero no es lo mismo. Cada pseudónimo en Internet es un nombre, el cual adquiere, con lo que se escribe, entidad, credibilidad y prestigio. Así que aunque hay comentarios anónimos en los blogs, como no son evaluables, no tienen prestigio o validez. En la mayoría de los casos, el sobrenombre adquiere un significado mucho mayor que el nombre “normal” de un usuario.

[2] Concierne a la libertad irrestricta de expresión.

Reproducido de: Avgi
(El texto en Griego)

Print Friendly
• EN: Your comment will be visible after approval. Please check the terms of use.

• EL: Τα σχόλια δημοσιεύονται κατόπιν έγκρισης. Για περισσότερες πληροφορίες δείτε τους Όρους χρήσης.